Hace 6 ó 7 años conocí a una persona que no pensé nunca que llegaría a ser tanto en mi vida. La historia de como nos conocimos no tiene mucha "magia" si no simpatía.
Él era el chico nuevo de la otra clase, no conocía a nadie en el colegio, y a esas edades los niños son muy crueles con los otros niños que son diferentes. Yo siempre he sido una niña abierta, y un día en el patio le vi solo, y como yo me he sentido muchas veces así, le invité a que jugara con nosotros, él accedió. A partir de ese momento, ya nada sería como antes.
Pero la historia no se acaba ahí, eso solo es el principio de un cuento que, espero, no tenga un final. Nosotros crecimos, al igual que la relación, que cada día se iba haciendo más y más fuerte. Compartimos anécdotas, vivimos experiencias, pasamos buenos momentos juntos.
El peor momento vivido a su lado es cuando me dijo que se iba del colegio, pensé que no volvería a saber nada de él, que no volvería a verle...pero por suerte no fue a sí. Nos vemos poco, sí, cada uno tiene una vida, unos estudios, y, por desgracia, unos cuantos kilómetro que nos separan.
La relación ha pasado de ser la de unos compañeros que se ven en los recreos y en las salidas de clase a una relación de hermanos. Él para mí es mi hermanito, la persona por la que daría todo, la persona por la que me puedo dar la vuelta al mundo con tal de verle, y verle feliz. Creo que los sentimientos son mutuos, porque, a parte de mi familia, no he conocido persona que se preocupe más por mi.
Cuando estoy con él es como si todos los problemas que puedan amenazar mi felicidad se esfumaran, ya no existieran.
Se lo habré dicho mil y una veces pero... Samuel, te quiero un montón y más y quiero darte las gracias por todos estos años a tu lado, porque han sido los mejores.
Te quiero mi niño!
No hay comentarios:
Publicar un comentario